El retrato de CFK
Las grandes novelas se diferencian de las que son simplemente buenas porque aún dentro del marco ficcional que proponen pueden servir como espejo de la vida terrenal. Una de las mejores escenas de uno de los libros de Oscar Wilde dice algo así: “…¡Ah, qué momento de orgullo y de pasión aquel en que rogó que el retrato cargase con el peso de sus días y que él conservase el inmaculado esplendor de la eterna juventud! Todo su fracaso se debía a aquello. Mejor hubiese sido para él que cada pecado de su vida trajese consigo su segura y rápida pena…”.
A pesar de que absolutamente todos los economistas desde progresistas hasta consevadores reclaman un sinceramiento económico, el Gobierno anunció una partida de 1000 millones de pesos extra para la Secretaría de Agricultura, destinada a compensar a los exportadores para que mantengan bajos los precios en el mercado local. Es decir, a los subsidios ya existentes a la energía y el transporte, se suman los de los alimentos.
La medida tiene un destino evidente: sobornar a la industria alimenticia que podría plegarse a los reclamos de las cuatro entidades del campo, en la misma semana en que sus dirigentes finalmente blanquearon su interés político. Claro, si el titular de la Federación Agraria, Eduardo Buzzi, dijo estar “honrado” por el pedido de Eduardo Duhalde para que participe de su armado 2009, el kirchnerismo debe evitar males mayores.
Ahora bien, si algo nos ha enseñado la historia política, es que los amigos que uno compra se alejan en cuanto se acaba la plata. Un plan económico no puede basarse en subsidios y dólar alto, porque después caerán los famosos reclamos de “blanqueo de situación”: ya aumentó la nafta, un incremento tarifario en la electricidad es inminente, el transporte es cada vez más caro y si a eso le sumamos en la lista una potencial suba en los alimentos, no habrá nunca suficientes gritos desde un estrado como para contener el malestar social. Y si luego agregamos que los responsables de las penurias políticas pasadas del país se frotan las manos junto con los ruralistas ávidos de poder, las opciones que se abren son poco alentadoras.
Además, que quede claro: el subsidio no es una medida progresista, porque en definitiva a los empresarios se les va a entregar dinero contante y sonante. Una pregunta flota: ¿por qué si el Estado interviene con fuerza para hacerse cargo de empresas como Aerolíneas, no hace lo propio con inversiones estatales agrícolo-ganaderas? Eso sí sería una medida social.
Pero claro, tal vez prefieran hacer como Dorian Gray y dejar que un cuadro, allí en la azotea de la Casa Rosada, se vaya pudriendo de a poco.
Mi duda es si los gobernantes llegaron a terminar el libro.